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Testimonios - Irati, excelencia en cistinosis

Una joven recluida en su casa durante el curso tras recibir un riñón supera la Selectividad y aspira a ser profesora

Un trasplante de riñón recluyó en casa a Irati Vilariño durante la mayor parte de este último curso. No era un año cualquiera: segundo de Bachillerato, crucial en la vida de un estudiante porque se prepara la Selectividad y, además, la nota media puntúa para elegir carrera. Lejos de tirar la toalla, esta joven de Larrabetzu no dio el curso por perdido. Ahora luce una calificación de 12.71 en la Prueba de Acceso a la Universidad y podrá entrar en el grado en Primaria -que exige un calificación alta por la gran demanda de plazas- para seguir su vocación de profesora. Ella es una de los más de 90 estudiantes que han precisado apoyo para completar la Selectividad por sufrir alguna enfermedad o discapacidad. Pero no hay que confundirse con los términos. La de Irati, como la de todos esos jóvenes, es la historia de una capacidad sin límite.

Irati no podía acudir a la ikastola Lauaxeta en la que estudia tras el trasplante porque tenía las defensas bajas y riesgo de sufrir alguna infección o contagio. Decidió utilizar Internet. Se sentó frente al ordenador y se empleó a fondo. «Mandaba correos electrónicos a los profesores a diario para que me enviaran la materia que daban en clase. Me escaneaban apuntes, textos... Les metía presión. Después estudiaba por mi cuenta, entre cinco y siete horas al día, y hasta ocho en época de exámenes. Si tenía que entregar algún trabajo o deberes iban mis padres a llevarlos a la ikastola», relata como si ese espíritu de esfuerzo y sacrificio fuera lo normal en una adolescente de 17 años.

Los exámenes los hacía en casa. «Conectaba el cronómetro para controlar que empleaba el mismo tiempo que mis compañeros de aula, era muy estricta con eso porque luego iba a llegar la Selectividad y tendría que ajustarme a un tiempo limitado», explica. «Al acabar, enviaba el ejercicio por correo electrónico». Solo tuvo problemas con las Matemáticas porque «es muy difícil entenderlas sin que te las expliquen». El Gobierno vasco le envió un profesor a su domicilio para esa materia. Acabó Bachillerato con un 8,84. Hizo los ejercicios de Selectividad ella sola en un aula, para evitar exponerse a contagios, con el apoyo de una técnico de la UPV. «La auxiliar se ponía en contacto por móvil con los tribunales cuando me surgía alguna duda de las pruebas», recuerda Irati. Logró un 12,71 sobre 14. Una nota excelente. Medicina, la carrera que exigía el año pasado más calificación, pedía un 11,3.

El servicio de apoyo a discapacitados de la UPV se encargó de proporcionar a Irati los medios para hacer la prueba de acceso a la Universidad, al igual que hizo con otros 72 alumnos en la cita de junio y con 19 más en el examen extraordinario que se celebró la pasada semana. Ese centenar de jóvenes, de entre los 9.000 que han completado este año la Selectividad, sufren limitaciones visuales, auditivas, de movilidad... -desde alumnos con un brazo roto a estudiantes que se desplazan en sillas de ruedas-. El equipo de apoyo a este colectivo en la UPV, formado por cuatro técnicos, cinco auxiliares y un intérprete de signos, se ocupa de que tengan iguales oportunidades que el resto.

«Cada uno precisa un apoyo diferente. Algunos con problemas de audición necesitan un intérprete de lenguaje de signos o simplemente que el profesor les hable mirándoles y vocalizando bien, otros deben usar un ordenador que amplíe las letras para poder ver bien. En ocasiones un auxiliar debe escribirles el examen o simplemente se les amplía el tiempo para completar los ejercicios», comenta Mamen López, responsable del servicio universitario.

Una de las ayudas más habituales es la lectura del examen en alto antes de comenzar cada prueba. «Hay alumnos con dislexia, problemas de aprendizaje o trastornos psíquicos. Se les leen los ejercicios para asegurarse de que han comprendido lo que les preguntan», añade. Una vez que se matriculan en la Universidad, los miembros del equipo de apoyo se ponen en contacto con los estudiantes para organizar los recursos que van a necesitar y hacen recomendaciones a sus profesores.

La UPV ya ha cerrado el proceso de selección y comenzará a matricular a nuevos estudiantes el próximo día 14. Para Irati Vilariño se abre una nueva etapa en su vida. Irá a la facultad, como el resto de ese grupo de alumnos que han tenido que enfrentarse a los obstáculos más altos para convertirse en universitarios. Atrás queda su trasplante y las horas solitarias de estudio en casa; un reto superado gracias a su esfuerzo y, recuerda, a los profesores de la ikastola que le dedicaron su tiempo a través de Internet, al docente que fue a diario a su casa a trabajar las matemáticas, al apoyo de la Universidad y a sus médicos «Gemma y Enrique». No quiere olvidarse de ninguno.

Texto: 08.07.12 - 02:19 - MARTA FDEZ. VALLEJO mfernandez@elcorreo.com | BILBAO.
Foto: BORJA AGUDO

grupocistinosis 2017